viernes, 26 de octubre de 2012

Falocentrismo Arquitectónico: una mirada psicoanalítica del emplazamiento santiaguino

Santiago es una creciente mini-urbe con deseos de ser una ciudad al nivel de Chicago o Nueva York. Y se ha notado un cambio en pos a esta meta, visible gracias al los niveles de la economía chilena actual y el centralismo político -que, por cierto, jamás se ha podido dejar de lado-, que hace entender a Santiago como Chile. Estos deseos son ambivalentes en tanto se siente admiración hacia estas ciudades; se anhela tener su poder (se podría pensar también en una envidia), al mismo tiempo que se les odia por la dominación que ejercen estos países desarrollados sobre los países en vías de desarrollo: Poder opresor que no dejará jamás estar al mismo nivel.



Con esto recuerdo el relato que comparte Freud en Tótem y Tabú (1913) sobre los hermanos caníbales que matan y luego devoran a su padre, con el fin de apropiarse de parte de su fuerza. No se diferencia mucho la ciudad en su relación con las grandes metrópolis. Pero como en este caso el intentar matar a este padre significa un conflicto bélico que se sabe que no se puede ganar, hay una resignación a igualarse.

En la tribu, es el gran padre tiránico quien puede acostarse con la madre y con todas las mujeres que desea; él tiene el falo, símbolo de su superioridad expresado en su potencia sexual. En esta ocasión nos servimos de esta metáfora para entender el cómo se han conformado las ciudades falocéntricas. La idea central que defendemos es que los rascacielos se han erigido como estructuras fálicas representantes del poder totémico.

A día de hoy, los rascacielos son imágenes de valor económico e ingenieril: mientras más alto, más poder, como niños púberes que comparan sus penes viendo quién lo tiene más largo. Santiago no se queda fuera de esta carrera: estructuras fálicas han ido llenando el centro de la ciudad, y éstas tienen un simbolismo que a los habitantes les da cierto orgullo mostrar. A modo de ejemplo, en el centro de Santiago está la Torre Entel, lugar en el que se realizan numerosas actividades de la empresa, además de funcionar como lugar de encuentro para año nuevo o como punto referencial. Pareciera ser que la ciudad rodea este edificio (refiriéndonos a la actividad laboral del sector circundante a la torre). Además, llama la atención que, a pesar de haber más edificios (y más altos) a su alrededor, éste tenga televisores gigantes que estén todo el día funcionando. Atraen a los conductores en la noche y es inevitable no verlo en algún momento mientras se camina por las calles circundantes o se espere la micro. Esto puede ser, además de estrategia de márketing, un modo de resaltar su centralidad. Así mismo, se le ilumina y exalta en año nuevo, casi como un ritual pagano de adoración al tótem para atraer más riquezas y prosperidad.

Todos celebrando en torno a la estructura
que penetra en los cielos, liberando sus fuegos
de artificio en la profunda oscuridad.

¿Tienen que extenderse siempre hacia arriba?
Con el tiempo han aparecido más edificios de imponente altura y algunos, incluso, compiten en estética, como es el caso de los edificios de la avenida Vitacura. Grandes ejemplos de nuestro planteamiento son dos edificios en particular: Titanium, el que fue por un tiempo el más alto de Chile, y la Gran Torre Santiago (erróneamente llamado Costanera Center, que es el nombre del complejo al cual pertenece la torre), que no solo es el edificio más alto de Chile, sino también de América Latina.

Otro punto a considerar es que el barrio en el que se encuentran ambos edificios (y el mega mall) se le llama Sanhattan, haciendo alusión a Manhattan en Estados Unidos, quiérase o no, país modelo para la idiosincracia del Chileno; promete ser el nuevo Centro de Santiago y un punto turístico que parece imperdible por su belleza y comercio.

¿Hasta dónde vamos a llegar?
Podemos decir a modo de conclusión que Santiago se ha erigido como una ciudad fálica que adora al pene. Esto también podría hacer referencia al carácter machista de la sociedad, que aún permanece vigente en el discurso social inconsciente.
Creemos que el motivo detrás de esto, desde una perspectiva psicoanalítica, es la envidia al pene del padre, superpotencia mundial, es decir Estados Unidos, país que además parece sostener económicamente al resto del mundo.



Referencia

Freud, S. (1913). Tótem y tabú. Algunos aspectos comunes entre la vida mental del hombre primitivo y los neuróticos. Recuperado el 16 de octubre de 2012 desde: http://www.preterhuman.net/texts/literature/in_spanish/Sigmund%20Freud%20-%20Totem%20y%20Tab%FA.pdf


1 comentario:

Sebastian Melillan Fontt dijo...

Muy buena teoria, y podriamos extrapolarla no solo a los edificios. Con el materialismo en lo que respecta a los autos por ejemplo tambien es aplicable la teoria. Cada vez hay mas autos grandes como simbolo de poder economico. Seria raro ver a un gerente en un autito.


Saludos

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